27 dic. 2013

Las televisiones autonómicas, un saco sin fondo

(6 valoraciones)
por David Lorenzo Costoya

Televisiones autonómicasEl cierre de la Radio Televisión Valenciana el pasado mes de noviembre ha vuelto a poner el foco en la viabilidad de las televisiones autonómicas en nuestro país. Un debate tan antiguo como los propios entes -el primero en ver la luz fue ETB en el País Vasco, año 1983-, pero que ahora, con todas las CC.AA. ahogadas por las deudas, cobra mayor protagonismo.

Poco independientes, muy politizadas, con programaciones discutibles... Son muchas las etiquetas que se asocian a estos medios de comunicación públicos. Dado que la mayoría entran en el campo de la subjetividad, existen análisis y opiniones para todos los gustos. Mayor unanimidad hay cuando el debate se adentra en el terreno económico. Aquí las cifras dibujan una realidad demoledora.

Según el 'Informe sobre el papel de la Televisión Pública Autonómica en España', realizado por la consultora Accenture para la Federación de Organismos o Entidades de Radio y Televisión Autonómicos (Forta), en los años 2009, 2010 y 2011 el 75% de los ingresos de las autonómicas tuvo su origen en subvenciones y aportaciones públicas, y el 25% en la publicidad y otros ingresos propios. En consonancia con la coyuntura de crisis global, estos ingresos han ido cayendo desde los 312 millones de 2007 a los 126 millones de 2012. Un informe elaborado por la auditora Deloitte, encargado por la Unión de Televisiones Comerciales Asociadas (Uteca), aseguraba que todas las televisiones públicas les costaron en el año 2011 a los españoles 2.850 millones de euros. Un año antes, en el 2010, el presupuesto de las trece televisiones autonómicas ascendió a 1.860 millones de euros, de los que la publicidad sólo cubrió el 15%. El resto son subvenciones (813 millones) y pérdidas (775 millones) que acaban saliendo del presupuesto autonómico, es decir, del bolsillo de los ciudadanos.

Televisiones autonómicas

Y si los ingresos han ido decreciendo al tiempo que la burbuja publicitaria se desinflaba, no se puede decir lo mismo del número de empleados, que en el conjunto de todas las televisiones autonómicas alcanzan los 10.000. Telemadrid cuenta con 1.175 trabajadores, la ETB vasca posee unos 1.000; la Televisió de Catalunya, entre 1.800 y 2.000; Canal Sur, alrededor de 1.600 trabajadores en plantilla, y Televisión de Galicia cuenta con 1.050. Estas cifras conllevan un gasto de personal demasiado alto, unos 501 millones de euros en 2010, igualando prácticamente al gasto de programación, que rondaba los 561 millones en el mismo año, según el "V Informe Económico sobre la Televisión Pública en España", elaborado por la auditora Deloitte. Así pues, son varias las televisiones autonómicas que superan incluso al número de trabajadores de las cadenas privadas, lo que no deja de ser un notable contrasentido, máxime si reparamos en sus bajos índices de audiencia.

Telemadrid o Canal Nou vieron reducida su cuota de pantalla a menos del 5%, cuando hace solo cinco años se situaban en torno al 10%. Canal Sur, IB3 o TV Canarias también han reducido su cuota de pantalla. Por su parte, TV3, ETB o la TVG han mantenido su audiencia por encima del 10%, siendo la catalana la reina de las autonómicas con una cuota superior al 15%. Una honrosa excepción para un negocio ruinoso, una máquina de triturar fondos públicos que podría encontrar freno con la Ley General de Comunicación Audiovisual, aprobada el año pasado y que abre la puerta a la privatización de las televisiones autonómicas. Un intento por parte del Gobierno de Mariano Rajoy de frenar una sangría que parece no tener fin.

Televisiones autonómicas

Por lo de pronto, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, descartó una hipotética privatización de la TVG en tanto, subrayó, “está saneada, no tiene deudas y acaba en equilibrio presupuestario cada año”. Claro que olvidó precisar que lo hace gracias a la aportación del gobierno regional. La sociedad registró pérdidas de 88,36 millones de euros en 2012, tras facturar apenas 7,29 millones en plena debacle de la publicidad y afrontar, sólo en gastos de personal, una carga de 36,37 millones. Un desfase notable en un ente que se constituyó en el año 1985 con el objeto de “producir imágenes y sonidos (…) con fines informativos, culturales, artísticos, comerciales, recreativos y publicitarios, así como medio de cooperación con el sistema educativo y de fomento y difusión de la cultura gallega, y en especial del fomento y el desarrollo del gallego”. Buenas palabras que contrastan con la frialdad de unos números implacables.

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